sábado, febrero 16, 2008

La ciencia en el Perú es como el sacerdocio, uno no espera nada

En 2007, Gustavo Gonzales Rengifo fue elegido el mejor investigador de la Universidad Cayetano Heredia. De hecho, es uno de los científicos más importantes y prolíficos del país. Por su labor en beneficio de todo el Perú, recibió el Premio Campodónico -que abre una nueva convocatoria- .
Mi afición por la ciencia y la medicina viene de muy chico. Mi padre tenía una librería. De muy pequeño yo iba y leía los libros de cuarto y quinto de secundaria. Me atraían mucho los libros de química", recuerda Gustavo Gonzales Rengifo. Conversamos en su laboratorio. En su computadora suena rock clásico.

Usted estudió Ciencias en la Universidad Cayetano Heredia. ¿Qué diferencia hay con estudiar Medicina?
En principio, no hay diferencia. Pero, una vez, mi profesor, el doctor Guerra García, me dijo que siendo médico iba a tener más peso que siendo científico. Cuando acabé Ciencias, en vez de irme al extranjero, seguí Medicina en San Marcos. En el 86 obtuve mi título de médico cirujano; en el 87 me fui a Australia a estudiar y regresé a finales del 88. Finalmente, hice doctorados en ambas carreras.

¿Por qué regresó al Perú?
Decidí no salir hasta no consolidarme en el Perú. No quería que se dijera que, si yo no hubiera salido, no habría logrado progresar.

Pero tuvo ofertas para quedarse allá?
Cuando estuve en Australia me pidieron que me quedara. Incluso mi esposa me lo pidió, porque la situación en el Perú estaba muy difícil. Dije que no, que tenía que volver, porque yo soy de las personas que creen que uno debe retornar a su país para difundir los conocimientos que recibe en el extranjero. Yo no podía traicionar la confianza de la gente que había apostado por mí enviándome a estudiar afuera.

Han pasado casi 20 años de esto. ¿Cree que fue una decisión acertada?
Justo 20 años. Yo retorné en el 88. En el 89, la clínica Santa Isabel me pidió apoyo para implementar la fertilización in vitro. Logramos formar el grupo que, hoy, es el más reconocido del rubro. Ellos están en el Instituto de Ginecología y Reproducción. Luego, en el 89, me nombraron director del Instituto de Investigaciones de Altura, cargo en el que fui electo seis veces. Posteriormente he ejercido otros cargos. Mi actividad ha sido muy fructífera.
El Instituto de Investigaciones de Altura es uno de los picos de desarrollo científico en el Perú y es referente en todo el mundo.
El paradigma de medicina y biología de altura es peruano gracias a la égida de dos prominentes científicos: Carlos Monge Medrano y Alberto Hurtado.

Tengo entendido que Estados Unidos recurrió al instituto para saber qué les podía pasar a los astronautas en el espacio.
El inicio de la aviación comercial y de los vuelos espaciales aumentó el interés en este tema. ¿Qué pasa con el cuerpo en zonas muy altas? Por eso hubo muchos fondos de la Armada de Estados Unidos. Cuando los astronautas están sin gravedad, la sangre se va de los miembros al centro del cuerpo. Pero, cuando retornan, el cuerpo reacciona como si tuviera demasiada sangre y empieza a destruirla.

¿Qué produce eso?
Eso provocaba anemia, que generaba cansancio y mucha fatiga. Investigadores de allá encontraron investigaciones peruanas en las que se indicaba que la gente que bajaba de Cerro de Pasco a Lima se sentía desorientada. Eso se debía a que se pierde glóbulos rojos. Esto se investigó y se encontró una hormona que evita estos problemas.

Se dice que el Perú tiene una cultura casi anticientífica. ¿Ser científico aquí le ha sido complicado?
Siempre les digo a mis estudiantes que la ciencia es un apostolado. Es como el sacerdocio: uno no lo ejerce esperando retribución. Pero, ¿por qué se enseña ciencia? No porque se quiera que todos sean investigadores científicos sino porque se quiere que usen el modelo de investigación científica como una filosofía de vida.

¿Por ejemplo?
Usando los rigores metodológicos, que incluyen la ética, el amor al prójimo, la lealtad, la puntualidad, la responsabilidad, el ser veraz, etc., uno haría mejor su trabajo y se sentiría mejor. Pero es cierto: en el Perú, ser científico es complicado.

¿Qué investigaciones ha hecho recientemente?
En 2007 me nombraron profesor visitante en el instituto de desarrollo de plantas medicinales de China. Este es un programa que comparte nuestro país intercambiando investigadores. Yo estoy investigando una planta medicinal altoandina, la maca, que es conocida por su efecto de mejorar la fertilidad. En el año 2000 comenzamos nuestra investigación. En 2001 salió la primera publicación.

¿Y qué efecto tuvo esto?
La maca había tenido un boom en los 90. Pero la promocionaban como el 'viagra andino' o el 'ginseng andino'. En los mercados asiáticos la usaban para mejorar la potencia sexual, pero no tenía ese efecto; entonces, cayó. Pero, con nuestras publicaciones, la exportación comenzó a subir. Sabíamos que era así porque la que usamos era maca de Carhuamayo, que pasó a ser la principal región productora de maca.

¿Qué otros efectos tiene?
Encontramos que hay variedades. Por ejemplo, la maca roja reduce el tamaño de la próstata -en la hiperplasia de próstata-, pero no aumenta el número de espermatozoides. La maca negra sí lo aumenta y también mejora el aprendizaje y la memoria. Últimamente encontramos que tiene efecto sobre la fatiga.

¿Cómo lo determinaron?
Colocamos en una piscina un ratón con un pedazo de plomo -del 5% de su propio peso- en la cola. El ratón nadaba entre 15 y 20 minutos, hasta que se hundía por fatiga. En ese momento, lo sacábamos para que no se muriera. Pero, si le dábamos maca roja, se hundía a los 30 o 45 minutos. Si le dábamos amarilla, a los 90 minutos. Y si le dábamos la negra, duraba dos horas.

Qué fuerte.
El efecto es impresionante. Ahora, nuestros estudiantes en Buenos Aires están estudiando si la maca puede proteger el DNA de la piel de los efectos de los rayos ultravioleta, lo cual significaría protegerla de efectos cancerígenos.

*Fuente: http://www.peru21.com.pe/

0 comentarios: